En la Casa de Gobierno de Salta, donde los muros aún guardan el eco de viejas promesas rotas, el ministro de Interior, Diego Santilli, aterrizó como emisario del ajuste. No vino solo: lo acompañó la sombra del proyecto reaccionario que el gobierno nacional intenta imponer sobre millones. Vino a buscar votos, obediencias y silencios. El gobernador salteño, Gustavo Sáenz, una vez más, viene siendo cómplice del ajuste del gobierno de Milei acorde al FMI.
En conferencia de prensa, Santilli volvió a repetir su libreto: “Queremos establecer una agenda de trabajo conjunta… El desafío de la modernización laboral es formalizar al trabajador, que tengan derechos”, pero cada palabra cae como una piedra hueca, porque no hay modernización posible cuando lo que se propone es destruir derechos. La llamada “modernización laboral” no es más que un eufemismo para encubrir un ataque frontal al derecho a huelga, a la organización, a los convenios colectivos, a las vacaciones, a la estabilidad y a los derechos conquistada por generaciones de lucha.
Vale recordar que, hasta hace muy poco tiempo, Saenz era un aliado estrecho del ex ministro y candidato a presidente del peronismo, Sergio Massa.
Mientras Santilli recorre provincias para sumar voluntades, Sáenz se muestra dispuesto a acompañar la Reforma Laboral esclavista, declarando su “voluntad de diálogo, de no obstruir y de acompañar”. Acompañar, sí: acompañar el ajuste de Milei, acompañar el mandato del FMI, acompañar la entrega de derechos, acompañar el desguace del futuro.
Santilli se reunió con Sáenz en #Salta para asegurar votos a la reforma laboral. Atacan derechos fundamentales, como el derecho a huelga y las conquistas laborales. La rosca política es clara
modernización = esclavizar a las y los trabajadores. 🧵 https://t.co/l0mGEdOy4W— Daniela PlanesS (@DaniPlanesS) January 19, 2026
Salta, una provincia donde la precarización es norma y la desigualdad se respira como polvo en el aire, vuelve a ser moneda de cambio en la mesa del poder. Están negociando los votos de sus diputados y senadores —tres bancas en Diputados y una en el Senado, claves para el Gobierno nacional.
Pero la mentira no puede tapar el sol. La reforma laboral no “formaliza”: flexibiliza. No “da derechos”: los ataca. No “moderniza”: retrocede décadas. Es un plan de guerra contra la clase trabajadora, un pacto entre el Gobierno nacional, los gobernadores aliados y el poder económico. Y mientras ellos negocian en salones alfombrados, la CGT sigue inmóvil, traicionando una vez más a quienes dice representar. La burocracia sindical mira para otro lado, como si el ataque no fuera histórico, como si no estuviera en juego el corazón mismo de la organización obrera.
En este escenario, comenzó a circular una Carta Abierta impulsada por el PTS en el Frente de Izquierda que convoca a docentes autoconvocados, estudiantes, trabajadoras y trabajadores estatales, movimientos de mujeres y diversidad , artistas, jubiladxs, organizaciones sociales, sindicatos combativos y centros de estudiantes a preparar una respuesta. La propuesta es clara: organizar asambleas en los lugares de estudio y de trabajo, impulsar una campaña que explique el verdadero alcance de la reforma y llegar al día de su tratamiento en el Congreso con un Paro Nacional Activo que permita una presencia masiva en las calles.
La Carta advierte que la Reforma Laboral constituye un ataque en toda la línea contra las condiciones conquistadas por la clase trabajadora y que el Gobierno busca aprobarla como parte de un plan de guerra al servicio del FMI y del poder económico. Frente a eso, plantea que la única salida real es la organización desde abajo, con la fuerza colectiva de quienes sostienen la economía y la vida cotidiana del país.
