26, febrero, 2026

Décima y última etapa: no apta para cardíacos

Hoy, cuando el reloj marque las 16:00, la historia volver a latir sobre el asfalto. Se larga la dcima y ltima etapa de la Vuelta Ciclista de Mendoza, en su edicin de oro. Y no ser un simple cierre: ser un pulso abierto, una moneda girando en el aire, una sentencia que todava no se anima a escribirse.

Hoy se larga la dcima y ltima etapa de la Vuelta Ciclista de Mendoza, en su edicin de oro.

Por Orlando Pelichotti

Porque en la matemtica fra de la general, las diferencias arden. El lder, Christian Moyano, del equipo Municipalidad de Guaymalln, acumula 28h 09m 45s. Pero el ciclismo no entiende de certezas hasta que cae la bandera. A 1m 40s respira Jos Autrn, del SEP San Juan, con 28h 11m 25s. Y apenas 19 segundos detrs de l, acecha Fernando Contreras, tambin de Guaymalln, con 28h 11m 44s.

Tres nombres. Tres voluntades. Un margen que cabe en un descuido, en un abanico de viento, en un ataque feroz cuando las piernas ya suplican tregua.

El recorrido no concede distracciones. El pelotn avanzar en tren controlado hasta Pedro Molina, luego Rondeau buscar la Costanera por Vicente Zapata; girar por Acceso Este, tomar Ruta 40 hasta Valentn Alsina y regresar al norte, otra vez por Ruta 40, rumbo al Acceso Este y calle Arenales. Bajo el puente, el giro. Y entonces, el verdadero combate.

En el Predio de la Virgen comenzar el circuito final de diez vueltas. Diez martillazos al corazn. Cndor, Ruta 40 hasta la bajada de Valentn Alsina, retorno por Ruta 40 (Acceso Sur), derecha al Acceso Este hasta Arenales, y nuevamente el puente, como un tnel hacia el destino. Todo culminar all, donde el asfalto se vuelve altar.

Habr metas sprint que pueden inclinar la balanza:

  • Primera Meta Sprint: kilmetro 57 (vuelta 4, Predio de la Virgen).
  • Segunda Meta Sprint: kilmetro 79 (vuelta 6).
  • Tercera Meta Sprint: kilmetro 101 (vuelta 8).

Cada bonificacin ser oro lquido. Cada segundo, un latido. Cada curva, una promesa o una traicin.

No es una etapa ms. Es la frontera entre el sueo y la consagracin. Es el lugar donde los lderes deben defender con uas y dientes lo construido durante das, y donde los que vienen detrs tienen la obligacin moral de incendiar la carrera.

Hoy no alcanza con administrar. Hoy hay que resistir, atacar, leer el viento, soportar el cido en las piernas y el vrtigo en la cabeza. Hoy el pelotn ser una serpiente elctrica, y en su interior viajarn el miedo y la gloria.

La Vuelta, en su edicin dorada, merece un final a su altura. Y lo tendr. Porque cuando el ciclismo decide no ser apto para cardacos, se convierte en epopeya.

Esta tarde no se corre solamente una etapa.Se corre contra el tiempo, contra el rival y contra uno mismo.Y al caer la bandera, solo uno levantar los brazos. Pero todos habrn escrito, una vez ms, una pgina ardiente en la leyenda del ciclismo mendocino.

Ruarte y Jacamo, unidos por la familia y la pasin del ciclismo

Minutos antes de que el pelotn emprendiera la mtica travesa hacia el Cristo Redentor de los Andes y que se cayeran las telaraas de la montaa (frase perpetuada por el periodista de El Grfico Flix Surez). All, con las manos manchadas de grasa y el motor del auto todava tibio por la ltima prueba mecnica -“hay que subir tranquilos“, decan-, estaban ellos: Ruarte y Jacamo. Dos leyendas del ciclismo argentino. Dos nombres que no se pronuncian: se evocan.

Unidos por la familia -cuados desde hace dcadas- y hermanados por la pasin indomable del ciclismo, son compadres de la vida y prceres de la ruta. El “NegroRuarte, sanjuanino de cuna, fue adoptado hace tiempo por nuestra provincia, que lo abraz como propio. Y Jacamo, compaero de gestas y silencios, comparte con l el honor de haber ganado algo ms que carreras: el respeto eterno de generaciones enteras. Porque la autoridad no se impone; se conquista. Y ellos la conquistaron pedal a pedal.

Ruarte, ganador de la primera Vuelta en 1977, repetira la hazaa en 1979 y 1982. Cuando habla de la etapa de Cruz de Paramillos, sus ojos no miran: regresan.”Esa etapa es nica”, dice, y en su voz cruje el ripio. “Tantas curvas, pendientes, el peligro de quedar varado, mojarte, romper la bicicleta. Camino de tierra, y a cada segundo tenas que estar atento. Haba momentos en que debamos vadear el agua que afloraba, mientras del otro lado acechaba el precipicio. Cuntos tubos emparchbamos! No haba la comodidad de hoy. Nosotros la hacamos, y ac estamos. Cuando me tocaba abrir camino era ms difcil todava. Eso era sacrificio”.

Sacrificio. La palabra cae como piedra en la montaa. No haba vehculos de asistencia sofisticados ni tecnologa salvadora. Haba piernas, coraje y apenas un puado de herramientas. Haba barro en las manos y gloria en el alma. “La gan tres veces. Est en mi corazn. Regresar all fue hermoso. Eso es ciclismo”, sentencia, como quien firma un manifiesto.

Jacamo, ganador en 1980, sin pensar nos confes mientras sonrea con la serenidad del que sabe que el pasado no pesa: eleva.: “La disfrutbamos. Era un trabajo en solitario, y me gusta mucho esa etapa. La hara de nuevo. Es la esencia del ciclismo, es valedera para la historia de la Vuelta. Es atravesar las nubes, acercarse a Dios desde la tierra”.

Y no es metfora vaca: es geografa espiritual. Subir y conquistar Paramillos es escalar tambin la memoria. Es sentir que cada curva guarda el eco de aquellas bicicletas castigadas por el viento, de esos hombres que abran camino sin ms escudo que la voluntad. “Los corredores deberan entrenar como hacamos nosotros. Sera otra cosa. Para que la disfruten de verdad”, agrega El Jaca, convencido de que el futuro necesita races profundas.

All estaban, entonces, antes de la partida, con las manos sucias y el corazn limpio. Dos hombres que arreglan un motor como antes arreglaban un tubular al costado del camino. Dos campeones que no se quejan del pasado ni desprecian el presente, pero recuerdan -con la autoridad de quien gan en la intemperie- que el ciclismo no naci en la comodidad, sino en el sacrificio.

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