Un estudio nacional muestra que la mayoría de los inquilinos tiene deudas activas y muchos recortan gastos básicos para afrontar el pago mensual. En Santa Fe, los niveles de expulsión habitacional son inferiores al promedio nacional.
Una encuesta realizada por la organización Inquilinos Agrupados revela un deterioro en las condiciones de vida de quienes alquilan, con indicadores que trascienden el acceso a la vivienda y afectan el empleo, la alimentación y el endeudamiento. Por primera vez, las principales preocupaciones ya no se centran únicamente en la vivienda: el 96,4% de los encuestados señaló al salario como su principal problema, seguido por el empleo (94,6%) y la vivienda (94,3%).
El informe advierte que el 17,2% de los inquilinos tuvo que mudarse por no poder pagar el alquiler. Esta situación de expulsión habitacional es más notoria en provincias como Neuquén (33,3%), Córdoba (23,1%) y Buenos Aires (20,2%), mientras que se reduce en Santa Fe (11,9%) y la Ciudad de Buenos Aires (9,4%).
El 70% de los inquilinos enfrenta aumentos en el alquiler cada tres o cuatro meses. En términos de esfuerzo económico, un tercio destina menos del 30% de sus ingresos al alquiler, otro tercio asigna alrededor del 50%, y el segmento más afectado destina entre el 60% y el 100% de su salario.
Respecto a la situación laboral, el 46% tiene más de un empleo, el 14% perdió algún trabajo y el 30% sumó una ocupación adicional para sostener sus ingresos. El endeudamiento es creciente: el 70,9% tiene deudas activas; más de la mitad (53,2%) se endeudó para comprar alimentos y el 38,9% para pagar el alquiler. El 65,2% mantiene deudas con tarjetas de crédito.
Además, el 65,1% de los inquilinos se vio forzado a recortar gastos en comida, y casi un tercio (29,7%) accede solo a una o dos comidas al día. Entre los inquilinos jubilados, la situación es más crítica: el 41,7% realiza una o dos comidas diarias, el 72,2% redujo su consumo de alimentos y el 86,1% destina el 40% o más de sus ingresos al alquiler.
En general, el 89,6% de los hogares inquilinos tuvo que ajustar gastos. El estudio también señala un cambio estructural: la llamada “segunda generación inquilina” gana peso, con más de la mitad de los hogares en la Ciudad de Buenos Aires (51,6%), indicando que poseer una vivienda es cada vez menos accesible.
